La relación entre la alimentación y el estrés se conoce desde hace décadas. La experiencia nos ha llevado a comprender que, en el proceso de la vida, todas nuestras acciones tienen consecuencias, lo que se conoce como el efecto mariposa:
«El batir de alas de una mariposa
en Asia puede terminar provocando
un huracán en El Caribe»
Este efecto lo está sufriendo nuestro planeta: deforestación, aumento global de la temperatura, deshielo, etc. y es causado por la mano del hombre.

Efectos de la alimentación sobre el estrés
Los efectos de la alimentación sobre el estrés (y viceversa) están demostrados y avalados. En los años veinte del siglo pasado el investigador Hans Seyle, al que se considera el padre de los estudios sobre el estrés, lo definió como:
«Una respuesta inespecífica del cuerpo a cualquier demanda»
El cuerpo humano responde ante los estímulos con una cascada hormonal que nos conduce al estado de estrés. En el caso de la alimentación, lo que ingerimos desata una serie de cambios que pueden beneficiar nuestro estado de salud o por el contrario perjudicarlo.

Azúcar y estrés
Cuando ingerimos, por ejemplo. azúcar, edulcorantes y carbohidratos de cadena compleja, se produce un aumento de la secrección de la insulina, encargada de metabolizar los azúcares para hacerlos digeribles.
La insulina además, estimula de las glándulas suprarrenales que producen dos hormonas muy importantes en los procesos de estrés: el cortisol y la adrenalina.

Los azúcares en general y los edulcorantes en particular tienen un efecto estimulador de nuestro sistema nervioso que es pasajero. Este efecto estimulante es parecido al que producen otras drogas como es el caso de, la cocaína su carácter adictivo y su efecto pasajero desencadenan el llamado síndromes de abstinencia, popularmente conocido «mono»
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Del mismo modo el estrés puede, de hecho, condicionar los procesos digestivos y metabólicos necesarios para un correcto aprovechamiento de los alimentos.
Efectos del estrés sobre la alimentación
En los procesos involucrados en los mecanismos de estrés, el estímulo que lo desencadena llamado estresor no tiene por qué ser real. En una inmensa cantidad de ocasiones el estresor no existe y es producto de la interpretación de nuestra mente ante hechos cotidianos y banales. Es por tanto un estrés de naturaleza mental, emocional o psicológica al que hay que prestar atención y no limitarnos a tratar los síntomas que desencadena.

Continuando con la relación de la insulina con el cortisol y la adrenalina podemos apuntar que, cuando las tasas de cortisol son muy elevadas se produce una disminución de la eficacia de la insulina y, por tanto, un aumento de las tasas de azúcar en sangre (hiperglucemia).
Los estudios apuntan al hecho que los aumentos continuados del cortisol en sangre, producen el síndrome de estrés crónico, también conocido como distrés y, además provocan un síndrome metabólico de resistencia a la insulina que puede estar detrás de las causas de la obesidad.
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Estrés y anorexia – bulimia
Es conocida la relación entre el distrés de carácter emocional y psíquico que lleva a ciertas personas a desarrollar trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia.
En estos casos los pacientes, generalmente mujeres, tienen una percepción irreal de sus cuerpos y los someten a todo tipo de dietas y privaciones alimenticias para conseguir ese peso ideal que, solo está en sus mentes.

Son trastornos complejos que requieren la intervención de equipos multidisciplinares con el fin de atajar las causas íntimas del problema y conseguir variar la autoimagen de las pacientes, propiciando su autoaceptación. En estos casos la inmadurez, independientemente de la edad del paciente juega un gran papel en la génesis y mantenimiento de estas patologías.
Estrés y obesidad
Muchas personas manifiestan conocer la relación de su obesidad con la ansiedad. Comen de manera compulsiva al enfrentarse a estímulos estresantes en relación con el trabajo, las relaciones personales, la familia, etc.
En estos casos el estrés actúa anulando los circuitos que informan al cerebro después de las comidas que se ha llegado al estado de saciedad y por tanto el individuo sigue ingiriendo alimentos.

Por otro lado la ingesta de alimentos azucarados genera el estado de euforia que hemos apuntado seguido del síndrome de abstinencia y otros, como el chocolate (cacao de alta pureza) estimula la secreción de, las denominadas hormonas de la felicidad: dopamina, serotonina y endorfinas.
No podemos, por tanto, ignorar, la estrecha relación existente entre cómo nos alimentamos y la calidad de vida de la que disfrutamos.
La íntima interdependencia entre el estrés y la alimentación condiciona nuestro estado de ánimo, el disponer de mayores o menores tasas de energía vital, la relación con los demás y sobre todo con nosotros mismos, nuestra productividad y la cantidad y calidad de nuestro sueño.
Recordemos una de las famosas frases de Hipócrates de Cos médico griego que vivió en el período de la Grecia Clásica (460 a. C. – 370 a. C.) y es considerado el padre de la medicina:
«Deja que tu comida sea tu alimento, y tu alimento sea tu medicina»
Como veis la relación de la alimentación y nuestro estado de bienestar y salud viene de lejos. Cuidemos lo que entra en nuestro cuerpo por la boca y también lo que entra a través de nuestros pensamientos a nuestra mente.
Comer sano por la boca y por la mente es la mejor receta para vivir más y llenar de vida los años.
Buen apetito
Estudié Medicina en la Universidad de Salamanca y participé durante años en un equipo de salud mental.